Silenciamos nuestras penas
ocultando nuestras llagas,
levantamos las barreras
escondiendo la mirada.
Damos a quien nos pide,
amamos a quien nos ama,
decimos sin sentir mucho
y sentimos sin decir nada.
Inventamos nuevas quimeras
y tranquilizamos el alma
creyendo que la ilusión es cierta
y que esa mentira no daña.
Pero la realidad nos confronta
y nos pone cara a cara
contra ese dolor que aún vive
en este cuerpo sin ganas.
Será necesario entonces
juntar los pedazos que sangran
y tragarnos el orgullo
y blandir de nuevo la espada
para volver a ser uno
el que gane esta batalla.
Y dar a quien no pide,
y amar a quien no ama
y decir con sentimiento
y sentir a pleno el alma
para reencontrarnos con la vida
que perdimos por no buscarla.
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